12.14.2011

Heridas de amor.

10 de Abril de 1958.
Un avión Constellation con una franja azul oscuro en el fuselaje aterriza en el aeropuerto de Orly, al sur de París, y cuatro hombres van corriendo hacia él: el productor de cine Michel Safra, el director Pierre Gaspard-Huit, un joven actor llamado Alain Delon, de quien se empieza a hablar, y un amigo suyo, Jean-Claude Brialy. Han venido a dar la bienvenida a una de las estrellas más famosas del cine europeo: Romy Schneider. Esta actriz austríaca, quien desde que filmó ''Sissi'' es el ídolo de muchas jóvenes, va a tener el papel principal en la película que Safra y Gaspard-Huit preparan desde hace meses: Christine.
Delon viste con traje y corbata, lo que lo hace parecer formal y demasiado arreglado para la ocasión. ''Es demasiado buen mozo, demasiado joven y se peina demasiado bien'', dice Romy para sus adentros. Hasta las flores le parecen ''demasiado rojas''. Ella, en cambio, lleva un atuendo sencillo. ''Es una niña inocente'', piensa Delon.
Sin duda, es un mal comienzo por ambas partes. Pero al transcurrir los días Romy descubre a un Delon que es lo contrario del ''yerno ideal'' que parecía. Delon ha vuelto a usar sus habituales camisas deportivas y pantalones vaqueros, y tiene el pelo revuelto por andar corriendo en su MG convertible. Encarna la rebeldía, es un espíritu salvaje; siempre llega tarde y su única disculpa es su sonrisa. Romy está fascinada con él.
Más adelante Delon contaría que solían preguntarse el uno al otro: ''¿Quién se enamoró primero, tu o yo ?'' Y siempre se respondían: ''Ni tú ni yo. Los dos al mismo tiempo !''

Se enciende la pasión.
Christine se está filmando en Viena. En un parque de las afueras de la ciudad, Christine (Romy) actúa de forma engreída con Franz (Delon). Luego de una sesión de fotos y un viaje en barco, se sientan juntos sobre un tronco. Franz se inclina hacia Christine y la besa por primera vez. Pero cuando Alain Delon se inclina hacia Romy Schneider, la besa de verdad. La realidad y la ficción se funden. El equipo de filmación se da cuenta. Delon ha encendido la pasión de Romy, y no tiene intención de apagar las llamas.
Un día después del final del rodaje, Romy acompaña a Delon al aeropuerto de Viena. En el pasillo de la sala de salidas se despide de él con un beso. Pero en su hotel la espera una carta de Alain, que empieza así: ''Mein Puppele''... (''Mi Muñequita'', en alemán). Le confiesa su tristeza por dejarla, su deseo de estar con ella otra vez, el amor que siente. Romy decide irse al día siguiente a Colonia, Alemania, donde vive. Necesita recobrar la compostura. La esperan otras películas, con contratos ya firmados. Pero al otro día, cuando llega la hora de tomar el avión, cambia su pasaje... por otro a París !
Se siente motivada por el amor, pero no solo por eso. Su romance con Delon es también su manera de escapar de su madre, Magda, quien estuvo ausente durante tanto tiempo y ahora está demasiado presente, pero, sobre todo, para huir de ''papi'', Hans Herbert Blatzhein, su odioso padrastro, de su mirada lasciva y su comportamiento ruin. Posteriormente la actriz revelaría: ''Yo tenía 14 o 15 años. Él me arrinconó varias veces. Sentí sus asquerosas manos sobre mis senos, y deslizándose bajo mi falda. No tenía la fuerza para apartarlo de mí. Me sentía sucia, avergonzada''.
Cuando Romy llega a París, Delon la lleva a la casa donde vive, propiedad de su representante, Georges Beaume, en el muelle Malaquais. Romy se queda a vivir con su novio, y poco después Beaume empieza a hacerse cargo de su carrera.
El 22 de Marzo en Lugano, Suiza, Romy y Alain celebran su compromiso.
Un día, Romy está en París, y al día siguiente está en Roma. Lo mismo sucede con Alain, pero no necesariamente en las mismas fechas. Ambos tienen citas con directores, pruebas de vestuario, contratos que firmar, etc.
Sus encuentros son apasionados, pero los dos son temperamentales y el menor desacuerdo se convierte en una batalla de voluntades. Ambos experimentan una sensación de inseguridad, de que se están distanciando poco a poco. Cada momento que pasan juntos se enturbia por el temor de tener que separarse. Ese estado de frustración constante les provoca rencor, amargura y retraimiento. Desde que anunciaron su compromiso, los periodistas no dejaban de acosarlos: ''¿Cuándo es la boda?'' Pero ellos siguen aplazando el gran día.
Sin duda pensaron en tener un bebé, pero nunca hablaron de eso, al menos no en público. La actriz Annie Girardot recordó después una ocasión en que Romy y Delon la visitaron, en 1962: ''Mientras yo acariciaba a mi bebé y lo acunaba en mis brazos, ella me observaba en silencio. Luego le dijo a Alain: ''También nosotros tendremos un bebé'', pero él no respondió''.
Jamás tendrían un hijo juntos.

''Mi vida es un infierno''
Todo empieza a salirse de control a principios de 1963, cuando Romy acepta viajar a Estados Unidos para presentar ''Boccaccio 70'', la película de Visconti que tanto significa para ella. En Hollywood es recibida como una reina. La gente la ve como la nueva Marlene Dietrich. Nadie habla de Sissi. Invitan a Romy a todas partes y la agasajan con flores y otros regalos.
Columbia le ofrece un contrato por 3 años. ¿Acaso siente que su relación amorosa con Delon se acerca a su fin, que necesita otros desafíos ? Sea como haya sido, la actriz acepta. Para Romy, los Estados Unidos representaban un nuevo comienzo, lejos de Alain, de su madre y de su padrastro; lejos de la prensa alemana, que no había dejado de acosarla y criticarla desde que decidió irse a vivir a Francia con Delon, sin embargo...
Ese verano Alain visita a Romy en Los Ángeles. No le ha avisado que irá a verla, y se aparece justo cuando ella se disponía a hacer un llamado telefónico para comunicarse con el en España, donde estaba filmando. ''Tenía la virtud de dar sorpresas como esa'', refirió Romy posteriormente.
¿Qué buscaba Delon del otro lado del Atlántico ? ¿La alegría de reunirse con su amada, o la confirmación de un sentimiento que no podía negar: la sensación de que la pasión inicial de ambos se había transformado en una tierna amistad ? Sea cual haya sido su sentimiento real, no se sinceró ante Romy.
Durante mucho tiempo después de esa visita, ella la repasó en su mente hora por hora, minuto por minuto, e invariablemente llegó a la misma conclusión: ''Alain se comportó como siempre''. Pero algo ocurría...
Romy y Delon nunca habían sido completamente fieles el uno con el otro, lo cual es parte de la naturaleza de los seductores: siempre están buscando que se les demuestre amor. Pero Delon ya había elegido. A partir de ese momento, en su vida habría otra mujer: Nathalie Barthélemy.
En Noviembre Georges Beaume, el representante europeo de Romy, va a la casa de ella con un maletín lleno de guiones. Con su llegada, un poco de París entra en la casa, y también un poco de Alain, quien en ese momento se encuentra en la Riviera francesa.
Una mañana Romy oye por casualidad a Beaume hablar por teléfono con Delon. Está acostumbrada a eso, pues hablan todo el tiempo. Pero ese día, a diferencia de otros, Beaume no le pasa el teléfono.
-¿Por qué no me dejaste hablar con Alain ? - le pregunta.
Beaume se siente incómodo. Con un gesto de tristeza, le dice:
-Romy, debes ser fuerte. Tengo una carta para ti. Alain la metió entre mis papeles, justo antes de que me fuera.
Romy lee la carta, de 15 páginas. ''No le contesté'', contaría después. ''No había nada que decir''. Para ella, los días felices habían terminado. El 18 de Diciembre de 1963, Romy vuelve a París. Le ha avisado a Delon de su llegada. Tal vez, en lo más recóndito de su corazón, espera reconquistarlo. Han peleado mucho, pero se han reconciliado muchas veces también.
Sin embargo, el no fue a recibirla al aeropuerto. ''El departamento estaba vacío'', recordó la actriz posteriormente. ''Había un ramo de rosas con una nota: ''Me fui a México con Nathalie. Sobra decir los motivos. Alain.''
En París, Romy arrastra su tristeza.
Cada calle, cada restaurante, cada teatro le recuerdan a Delon. En sus propias palabras se siente ''rota, perdida, destruida''. Sola en esta ciudad que tanto le gusta, se conforma con dejar notas en el parabrisas del auto de Alain. Se deprime, se encierra en un círculo vicioso de tranquilizantes y alcohol. ''Mi vida es un infierno'', escribe en su diario en enero de 1965. Delon le ha roto las alas. Sin él, ya no puede vivir.
El primero de Abril de 1965, Romy conoce a Harry Meyen. Él tiene 41 años -14 más que ella-, y aunque también es actor, es más conocido como director teatral y director residente en el teatro Kömodie. Su amistad se convierte en una historia de amor. Sin embargo, Meyen es un hombre casado. Al final, Romy es la que paga para que se divorcie.
El 15 de Julio de 1966, Romy se casa con Meyen en una ceremonia muy discreta. El primero de Diciembre nace David, el hijo de la pareja, en Berlín.
Tras su ruptura con Delon y durante su depresión, Romy escribió en su diario: ''Necesito fuerza, un hombre que me avasalle, que me tenga de rodillas''. Meyen es ese hombre. La quiere sólo para el y se vuelve posesivo. Romy, que ha estado tan necesitada de amor, se deja envolver en su atención. Se pasa la mayor parte de sus días paseando a David en un cochecito por el distrito residencial de Grönwald, donde viven. El verano siguiente, Delon anuncia de manera oficial que va a divorciarse de su esposa, Nathalie.

Un nuevo comienzo.
Cuando Delon lee el guión de ''La Piscina'', le gusta la trama y el papel del personaje. Pero, ¿qué primera actriz podría estar a su altura?
Romy acepta, aunque tiene miedo de volver a tratar con el hombre al que ha amado tanto. ¿Qué quiere él en realidad ? ¿Volver con ella? ¿Generar un truco publicitario? ¿Ayudarla de verdad? Romy tiene dudas, pero su deseo de volver al cine es más fuerte. La oferta le llega en el momento preciso.
Los diálogos del filme son un eco de su romance.
Romy: ''Soy tan feliz cuando estoy contigo, no pido nada más''
Delon: ''Cuando una mujer se interesa en mí, me enamoro de ella al instante''
Romy escribió después en su diario: ''Todo era estrictamente profesional. Yo no sentía nada; era como besar una pared''. Sin embargo, el rodaje y, sobre todo, la entusiasta acogida que el público le da a la película, le devuelven la confianza en sí misma. Cuatro años después de romper con ella, Delon le ha dado más que un papel: le ha dado un nuevo comienzo.
Hacia el final del rodaje Romy le pide a su esposo que se vaya a virir con ella y con David en Neuilly, en las afueras de París. Pero en la capital francesa Meyen es tan solo el señor Schneider. Herido en su orgullo, se refugia en el alcohol y las drogas... al igual que Romy. La autodestrucción de Harry la está destruyendo a ella también. La única manera de salvarse es dejarlo. Pero Meyen intuye que nunca se recuperará del abandono de Romy. Solicita la custodia de David, y la prensa alemana lo apoya. Romy, sin embargo, sabe pelear. Finalmente, logra quedarse con su hijo, aunque para eso debe pagarle 1,5 millón de marcos a Meyen. Hace unos 10 años pagó para que se divorciara, y ahora, en 1975, le paga para que se vaya.

Desesperación creciente.
Poco después, Daniel Biasini entra en la vida de Romy.
''Toda mi vida he tratado de tener bajo el mismo techo un marido, hijos, una carrera, éxito, dinero, libertad, seguridad y felicidad'', escribió en su diario. Así que el 18 de Diciembre de 1975 se casa con Biasini en Berlín. Y el 21 de Julio de 1977 ven nacer a su hija, Sarah.
Sin embargo, con Romy las cosas nunca dejan de ser complicadas. Es como si careciera de talento para ser feliz. En 1979, su matrimonio con Biasini empieza a desmoronarse, a pesar de la presencia de David y de Sarah. De hecho, es como si dar a luz a un hijo la llevara a perder sus sentimientos más profundos por un hombre. Paradójicamente, no haber tenido un hijo con Delon tal vez fue lo que mantuvo encendida durante tanto tiempo la llama de su pasión por el.
Sin embargo, lo que vuelve a desencadenar el mecanismo de autodestrucción en Romy es la muerte de Meyen. Al enterarse del deceso, aflora el profundo sentimiento de culpa que lleva dentro. Se vuelve irritable, irascible, incontrolable. Biasini le esconde las botellas.
-¿Con qué derecho lo haces ?- le reclama ella.
Biasini no puede más. Le propone separarse un tiempo y se va a Estados Unidos. Romy le pide el divorcio. Tiene 41 años y no para de decirse que ya está vieja, demasiado vieja. Luego la internan de urgencia en un hospital. Los médicos le descubren un tumor: hay que extirparle un riñón. Su cuerpo se está dando por vencido. El destino la está devorando.
Su hijo David ya tiene 14 años. Pese a su corta edad, se ha convertido en el apoyo de su madre, en su muleta, en la roca en la que ella se aferra, aunque no quiere que se divorcie de Biasini porque él lo ve como un padre.
El 5 de Julio de 1981, el muchacho está trepando el enrejado de metal de la casa de los padres de Biasini, a donde ha ido a pasar el fin de semana, cuando de pronto se resbala y las puntas de las rejas le atraviesan el cuerpo. Romy corre al hospital, pero los médicos no logran salvar a su hijo. ''Cuando le di la noticia, no gritó'' recuerda el cirujano. Y Delon más tarde dijo: ''El día en que David nos dejó, fue como si Romy también hubiera muerto. A partir de ese momento, ya no quiso vivir''.
Romy tiene un nuevo novio, Laurent Pétin, y su presencia hace más fácil su vida cotidiana. Pero aunque intententa llevar con él una existencia más serena -compran una casa en el pequeño poblado de Boissy-sans-Avoir, en medio de trigales-, Romy vuelve a sumirse en la depresión.
Durante mucho tiempo, el alcohol ha sido su manera de quitarse el estrés. Desde la muerte de Meyen ha abusado también de los fármacos, aunque tan pronto como Pétin encuentra las pastillas, se deshace de ellas.

''Te amo, mi muñequita''
El viernes 28 de Mayo, después de cenar con unos amigos, Romy y Laurent vuelven caminando a su casa, en una callecita del distrito 7 de París, al filo de la medianoche.
-Vete a la cama- le dice ella-. Yo me voy a quedar un rato con David, escuchando música.
Pétin no se sorprende. Romy habla todas las noches con su hijo o, más bien, con fotos suyas. Esa noche, como todas las demás, se sirve una copa de vino, y luego otra, y luego otra...
Unas horas después, Laurent se despierta. Al ver que Romy no está a su lado, se inquieta y va a buscarla al living. Convencido de que etsá dormida, la levanta en brazos para llevarla a la cama. En las primeras horas de la mañana, descubre que no da señales de vida: está muerta.
En ese momento Delon se encuentra en la comarca del Périgord. El productor Alain Terzian le da la mala noticia.
Varias horas después, los dos hombres llegan a la casa de Romy. ''En cuento entró en la habitación donde yacía su cuerpo - recuerda Terzian-, Alain se arrodilló, le dió un beso a Romy y se puso a llorar.''
Delon se queda toda la noche a su lado, para velarla, y le escribe una carta que termina con estas palabras: ''Te amo, mi muñequita''.
El día del funeral, Delon se niega a asistir a la ceremonia religiosa y al entierro. No quiere quedar a merced de los fotógrafos porque sabe que no podrá contener el llanto. Sin embargo, va a la casa de Romy para darle el último adiós.
Antes de que coloquen su cuerpo en el féretro, le saca tres fotos con una cámara instantánea. Desde entonces, lleva las fotos consigo, en su billetera, en el corazón...
Hay algo profundamente melancólico en el culto que Delon rinde a la memoria de Romy. Pero la clave de su manera de recordarla quizá se encuentre en una confesión que hizo en el 2009: ''Debí haberme casado con ella''.

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